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La elección entre la vida humana y la vida animal

oṁ ajñāna-timirāndhasya

jñānāñjana-śalākayā

cakṣur unmīlitaṁ yena

tasmai śrī-gurave namaḥ



«Ofrezco mis respetuosas reverencias a mi maestro espiritual, quien ha abierto mis ojos, cegados por la oscuridad de la ignorancia, con la antorcha del conocimiento.»



Es costumbre ofrecer reverencias con este verso al maestro espiritual que ilumina a sus discípulos en materia de conocimiento trascendental. El proceso Védico no implica labor de investigación. En la erudición mundana, uno tiene que demostrar su formación académica mediante alguna investigación, pero el proceso Védico es diferente. En el proceso Védico, la labor de investigación ya se ha llevado a cabo; es completa, y simplemente se transmite por sucesión discipular de maestro a discípulo. No cabe plantearse una labor de investigación, porque los instrumentos y los medios con los cuales uno lleva a cabo dicha investigación son burdos e imperfectos.



En esta etapa de nuestra existencia material, estamos condicionados por muchas leyes de la naturaleza. Todas las almas condicionadas están sujetas a cuatro defectos debido a la imperfección de sus sentidos. Un defecto es que el alma condicionada comete errores con toda certeza. No hay hombre que no cometa errores. En la India, por ejemplo, se consideraba que Mahātmā Gandhi era una personalidad muy grande, pero él también cometió errores. Cinco minutos antes de acudir a la reunión en la que fue asesinado, allegados de confianza le advirtieron que no fuera, pero él insistió. Cometer errores es algo muy natural en el estado condicionado de vida. De hecho, ha surgido el dicho popular: «Errar es humano».



Otra imperfección del alma condicionada es que con seguridad será víctima de la ilusión. Estar ilusionado significa aceptar como real algo que no lo es, tomar la fantasmagoría por un hecho. Cada uno de nosotros tiene la impresión de que somos estos cuerpos, pero en realidad no lo somos. Aceptar el cuerpo como el ser se denomina ilusión, o māyā. La tercera imperfección es que las almas condicionadas tienen tendencia a engañar. A menudo hemos oído a un tendero decir: «Como eres mi amigo, no te sacaré beneficio alguno». Pero en realidad sabemos que está sacando al menos un 50 % de beneficio. Hay innumerables ejemplos de esta propensión al engaño. También hay muchos ejemplos de maestros que en realidad no saben nada pero proponen teorías con palabras como «quizás» o «puede que», cuando en realidad lo único que hacen es engañar a sus estudiantes. La cuarta imperfección es que los sentidos de la entidad viviente no son perfectos. Nuestra visión es tan limitada que no podemos ver ni muy lejos ni muy cerca. El ojo solo puede ver bajo ciertas condiciones, y por ello se entiende que nuestra visión es limitada. Del mismo modo, todos nuestros demás sentidos son también limitados. No es posible comprender lo ilimitado con estos sentidos imperfectos y limitados. La conclusión es que el proceso Védico no nos anima a esforzarnos por aprender la Verdad Absoluta empleando nuestros sentidos actuales, que están condicionados de tantas maneras. Si hemos de poseer conocimiento, este debe provenir de una fuente superior que no esté condicionada por estas cuatro imperfecciones. Esa fuente es Kṛṣṇa. Él es la autoridad suprema del *Bhagavad-gītā*, y es aceptado como la autoridad perfecta por tantos santos y sabios.



Quienes son estudiantes serios de la literatura Védica aceptan la autoridad. El *Bhagavad-gītā*, por ejemplo, no es una presentación académica que haya surgido de tanta labor de investigación. Es conocimiento perfecto que el Señor Kṛṣṇa enseñó a Arjuna en el campo de batalla de Kurukṣetra, y de él recibimos la información de que en eras anteriores Śrī Kṛṣṇa también lo enseñó al dios del sol, Vivasvān, y que fue transmitido desde tiempos inmemoriales de Vivasvān en adelante por sucesión discipular.



imaṁ vivasvate yogaṁ

proktavān aham avyayam

vivasvān manave prāha

manur ikṣvākave 'bravīt



«El Señor Bienaventurado dijo: Yo instruí esta imperecedera ciencia del yoga al dios del sol, Vivasvān, y Vivasvān la instruyó a Manu, el padre de la humanidad, y Manu a su vez la instruyó a Ikṣvāku.» (Bg. 4.1)



Si estudiamos el *Bhagavad-gītā* conforme al conocimiento académico o conforme a nuestra propia especulación mental, con toda certeza cometeremos errores. No es posible comprender el *Bhagavad-gītā* de esa manera. Es necesario seguir cuidadosamente los pasos de Arjuna. En eras anteriores, debido a la interpretación y la especulación mental, el verdadero significado del *Bhagavad-gītā* se perdió; por consiguiente, Kṛṣṇa restableció las enseñanzas dándoselas a Arjuna.



evaṁ paramparā-prāptam

imaṁ rājarṣayo viduḥ

sa kāleneha mahatā

yogo naṣṭaḥ parantapa



sa evāyaṁ mayā te 'dya

yogaḥ proktaḥ purātanaḥ

bhakto 'si me sakhā ceti

rahasyaṁ hy etad uttamam



«Esta ciencia suprema se recibió así a través de la cadena de sucesión discipular, y los reyes santos la comprendieron de esa manera. Sin embargo, con el transcurso del tiempo la sucesión se interrumpió, y por ello la ciencia tal como es parece haberse perdido. Esa antiquísima ciencia de la relación con el Supremo te la expongo hoy a ti porque eres Mi devoto y también Mi amigo; por lo tanto, puedes comprender el misterio trascendental de esta ciencia.» (Bg. 4.2,3)



Así pues, quienquiera que siga los pasos de Arjuna, acercándose a Kṛṣṇa con espíritu devocional, puede comprender el propósito del *Bhagavad-gītā*, así como el de todas las demás literaturas Védicas.



Existen cuatro *Vedas* —Sāma, Ṛg, Yajur y Atharva— y hay 108 *Upaniṣads*, incluyendo el *Īśopaniṣad*, el Kaṭha Upaniṣad y el Taittirīya Upaniṣad, así como el *Vedānta-sūtra*, el *Śrīmad-Bhāgavatam* y el *Bhagavad-gītā*. Estas literaturas no están destinadas a ninguna clase particular de hombres, sino a la totalidad de la sociedad humana. Todas las sociedades pueden beneficiarse del conocimiento Védico para perfeccionar la vida humana. Como se señaló anteriormente, la vida humana no está destinada a la complacencia de los sentidos, sino a comprender a Dios, el universo y nuestra propia identidad.



A partir de las literaturas Védicas podemos comprender que este mundo material es solo una manifestación parcial de la creación completa de Dios. La porción mayor de la creación de Dios se encuentra en el mundo espiritual de los Vaikuṇṭhas. Por encima y más allá de esta naturaleza material existe una naturaleza espiritual superior, como Śrī Kṛṣṇa afirma en el *Bhagavad-gītā*:



bhūmir āpo 'nalo vāyuḥ

khaṁ mano buddhir eva ca

ahaṅkāra itīyaṁ me

bhinnā prakṛtir aṣṭadhā



apareyam itas tv anyāṁ

prakṛtiṁ viddhi me parām

jīva-bhūtāṁ mahā-bāho

yayedaṁ dhāryate jagat



«Tierra, agua, fuego, aire, éter, mente, inteligencia y ego falso: estos ocho elementos en conjunto constituyen Mis energías materiales separadas. Además de esta naturaleza inferior, ¡oh poderoso Arjuna!, existe una energía superior Mía que son todas las entidades vivientes que luchan con la naturaleza material y sostienen el universo.» (Bg. 7.4,5)



Hay muchos universos materiales agrupados, y todos estos universos constituyen la creación material. Más allá de estos conjuntos de incontables universos materiales se encuentra el cielo espiritual, que también se menciona en el *Bhagavad-gītā*.



na tad bhāsayate sūryo

na śaśāṅko na pāvakaḥ

yad gatvā na nivartante

tad dhāma paramaṁ mama



«Esa morada Mía no está iluminada por el sol ni por la luna, ni por la electricidad. Y cualquiera que llegue a ella nunca regresa a este mundo material.» (Bg. 15.6)



Esa naturaleza superior que se halla más allá de esta naturaleza material es eterna. No existe registro de que haya comenzado jamás; no tiene ni principio ni fin.



paras tasmāt tu bhāvo 'nyo

'vyakto 'vyaktāt sanātanaḥ

yaḥ sa sarveṣu bhūteṣu

naśyatsu na vinaśyati



avyakto 'kṣara ity uktas

tam āhuḥ paramāṁ gatim

yaṁ prāpya na nivartante

tad dhāma paramaṁ mama



«Existe otra naturaleza, eterna, que es trascendental a esta materia manifestada y no manifestada. Es suprema y nunca se aniquila. Cuando todo en este mundo se aniquila, esa parte permanece tal como es. Ese estado supremo se denomina no manifestado e infalible, y es el destino más elevado. Al llegar allí, uno nunca regresa de esa, Mi morada suprema.» (Bg. 8.20,21)



La religión Védica, o varṇāśrama-dharma, también se denomina eterna porque nadie puede rastrear su comienzo. La religión cristiana tiene una historia de 2.000 años, y la religión musulmana tiene una historia de 1.300 años, pero si intentamos rastrear los orígenes de la religión Védica, no podremos hallar un comienzo. Se acepta que el varṇāśrama-dharma es la religión eterna de la entidad viviente.



A menudo decimos que Dios creó este mundo material, y esto significa que Dios existía antes que el mundo. Puesto que el Señor existía antes de esta manifestación material, Él no está sujeto a esta creación. Si Él estuviera sujeto a las leyes del mundo material, ¿cómo podría haberlo creado? Que el Señor es simultáneamente idéntico a Su creación y, no obstante, existe en Su totalidad aparte de ella, se afirma en el *Bhagavad-gītā*.



mayā tatam idaṁ sarvaṁ

jagad avyakta-mūrtinā

mat-sthāni sarva-bhūtāni

ma cāhaṁ teṣv avasthitaḥ



na ca mat-sthāni bhūtāni

paśya me yogam aiśvaram

bhūta-bhṛn na ca bhūta-stho

mamātmā bhūta-bhāvanaḥ



«En Mi forma trascendental impregno toda esta creación. Todas las cosas reposan en Mí, pero Yo no estoy en ellas. A su vez, todo lo que se crea no reposa en Mí. Contempla Mi opulencia mística: aunque soy el sustentador de todas las entidades vivientes y aunque estoy en todas partes, Mi Ser es la fuente misma de la creación.» (Bg. 9.4,5)



En realidad, todos somos almas espirituales y estamos destinados a asociarnos con Dios en el cielo espiritual, donde hay innumerables planetas espirituales e innumerables entidades vivientes espirituales. Sin embargo, aquellos que no son aptos para vivir en ese mundo espiritual son enviados a este mundo material. Esta misma idea la expresó Milton en *El paraíso perdido*. Aunque somos almas espirituales, hemos aceptado voluntariamente este cuerpo material, y al aceptarlo hemos aceptado también las tres clases de sufrimientos de la naturaleza material. Cuándo exactamente lo aceptamos y cómo lo aceptamos no puede rastrearse. Nadie puede rastrear la historia de cuándo el alma condicionada comenzó por primera vez a aceptar estos cuerpos materiales.



En la actualidad, la teoría de Darwin sobre la evolución de la materia orgánica tiene gran prominencia en las instituciones de educación superior, pero en el *Padma Purāṇa* y en otras escrituras autorizadas se da información sobre la evolución espiritual de las entidades vivientes de una forma corporal a otra. Este Purāṇa nos informa de que las especies entre plantas y vegetales por sí solos. En la actualidad todo el mundo pone énfasis en la teoría de Darwin, pero en la literatura Védica existe inmensa información sobre las diferentes especies. Darwin expresa la opinión de que las especies evolucionan a partir de formas de vida inferiores, pero esta no es toda la verdad. El alma puede progresar de formas inferiores a formas superiores, pero al comienzo de la creación todas las especies fueron creadas por Śrī Kṛṣṇa, como se indica en el *Bhagavad-gītā*.



sarva-bhūtāni kaunteya

prakṛtiṁ yān ti māmikām

kalpa-kṣaye punas tāni

kalpādau visṛjāmy aham



prakṛtiṁ svām avaṣṭabhya

visṛjāmi punaḥ punaḥ

bhūta-grāmam imaṁ kṛtsnam

avaśaṁ prakṛter vaśāt



«¡Oh hijo de Kuntī!, al final del milenio toda manifestación material entra en Mi naturaleza, y al comienzo de otro milenio, por Mi potencia, la creo de nuevo. Todo el orden cósmico se halla bajo Mi mando. Por Mi voluntad se manifiesta una y otra vez, y por Mi voluntad se aniquila al final.» (Bg. 9.7,8)



Todas estas entidades vivientes están sujetas a las tres clases de sufrimientos, incluidos aquellos sufrimientos que atañen al cuerpo y a la mente. Los animales no pueden comprender que están sufriendo, pero los seres humanos sí. Quien no sabe que está sufriendo se halla en conciencia animal. Los animales pueden estar tras una cerca esperando al matadero, pero no lo comprenden. Como seres humanos, debemos ser conscientes de que estamos sufriendo los dolores del nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte, y debemos indagar cómo evitar estos sufrimientos. Hemos venido sufriendo desde el comienzo de nuestro nacimiento, cuando de bebés fuimos colocados herméticamente durante nueve meses en el vientre de una madre. Después del nacimiento, el sufrimiento continúa; aunque una madre cuide mucho de su hijo, el bebé aun así llora. ¿Por qué? Porque está sufriendo. Ya sea que un insecto le pique, o que haya un dolor de estómago u otra dolencia. Sea cual sea el caso, el sufrimiento prosigue. El niño también sufre cuando se le obliga a ir a la escuela sin querer ir. El niño no quiere estudiar, pero el profesor le asigna tareas de todos modos. Si analizamos cuidadosamente nuestras vidas, descubriremos que están llenas de sufrimiento. Por lo general, las almas condicionadas no son muy inteligentes, y por ello siguen sufriendo sin jamás indagar por qué. Debemos comprender, sin embargo, que este sufrimiento existe, y si hay un remedio, debemos aprovecharlo.



El gran sabio Ṛṣabhadeva instruyó a sus hijos de esta manera: «Mis queridos hijos, en esta vida habéis adquirido estos hermosos cuerpos. Ahora bien, debéis saber que no están destinados a la complacencia de los sentidos como los cuerpos de los cerdos y los perros, sino a la autorrealización espiritual». En esencia, lo que Ṛṣabhadeva dice es que una vida de complacencia de los sentidos está destinada a comedores de excrementos como los cerdos, y que ahora que tenemos una forma de vida superior, no debemos tratar de imitar las formas inferiores. Recientemente nos sorprendió ver, mientras paseábamos por Central Park en la ciudad de Nueva York, que un grupo de jóvenes estadounidenses, muchachos y muchachas, adoraban a cerdos. Mientras nosotros cantábamos Hare Kṛṣṇa, estos grupos de jóvenes coreaban: «¡Cerdo! ¡Cerdo! ¡Cerdo!». De hecho, desfilaban con cerdos por Central Park, se postraban ante ellos y los adoraban. Querían que un cerdo fuese presidente, y querían que los cerdos los guiaran. Esto ha llegado a tales extremos que en una concentración en Seattle hubo una manifestación con cerdos en la que los muchachos y muchachas se desvistieron, se metieron en el barro y jugaron con los cerdos, y de este modo se asociaban con los cerdos y puercos que adoraban. Todo esto sucede en un país donde los jóvenes tienen cuerpos hermosos, una gran cantidad de dinero y tantas otras ventajas sobre los jóvenes de otras naciones. El resultado de obtener todas estas ventajas es que simplemente se han dedicado a adorar a cerdos. Tal adoración de cerdos fue anticipada hace mucho, mucho tiempo y fue descrita en el *Śrīmad-Bhāgavatam*, que fue compilado hace al menos 5.000 años. La cuestión es que una situación hermosa en la vida debería aprovecharse para un fin hermoso, no para formas degradadas de adoración.



En las historias Védicas encontramos que hubo muchos, muchos emperadores y reyes excelsos que practicaban austeridades y penitencias. Dhruva Mahārāja, Ambarīṣa Mahārāja y Yudhiṣṭhira Mahārāja fueron todos grandes reyes y muy opulentos, pero al mismo tiempo eran grandes sabios. Así pues, sentaron el ejemplo para quienes han adquirido esta buena oportunidad de una hermosa forma de vida humana con todas las facilidades para el desarrollo económico y la buena vida. Esta oportunidad debería emplearse para alcanzar una vida aún mejor, y esto puede llevarse a cabo mediante la práctica de la penitencia. En la actualidad existimos en estos cuerpos materiales, pero si adoptamos el proceso de la conciencia de Kṛṣṇa, nuestra conciencia se purificará. Aunque estadounidenses y europeos, los jóvenes estudiantes que voluntariamente practican la conciencia de Kṛṣṇa están muy complacidos de practicarla. El proceso no es penoso, sino placentero. Ahora se están dando cuenta de que la existencia purificada constituye la diferencia entre la vida animal y la vida humana.



Si purificamos nuestra existencia simplemente siguiendo las normas básicas de la conciencia de Kṛṣṇa, que implican abstenerse de la relación sexual ilícita, de comer carne, de la intoxicación y del juego de azar, gradualmente nos elevaremos para alcanzar nuestra existencia espiritual, que es completamente pura. El sabio Ṛṣabhadeva dijo a sus hijos que una vez que purificaran su existencia tendrían felicidad ilimitada. Todos estamos destinados a alcanzar la paz y la felicidad, pero toda paz y felicidad que encontremos en este mundo material es limitada. Si tan solo purificamos nuestra existencia y alcanzamos la existencia espiritual, experimentaremos paz y felicidad ilimitadas.



El mundo espiritual no es árido ni abstracto; como se señaló anteriormente, allí existe variedad. Una parte del placer espiritual que se experimenta en los Vaikuṇṭhas es el placer de la danza. Allí hay también muchachas y muchachos jóvenes. De hecho, allí no existe la vejez, ni la enfermedad, ni la muerte, ni los dolores del nacimiento. Si deseamos participar de la felicidad, el conocimiento y la vida eterna ilimitados que constituyen nuestra verdadera herencia en el mundo espiritual, no debemos desperdiciar esta vida trabajando arduamente por la complacencia de los sentidos y adorando a cerdos. Debemos aceptar una vida dedicada al cultivo de la conciencia de Kṛṣṇa, y entonces obtendremos felicidad y placer ilimitados. Esta es la suma y sustancia del movimiento para la conciencia de Kṛṣṇa.





CAPÍTULO DOS
