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El dominio de la mente y los sentidos

yaṁ sannyāsam iti prāhur

yogaṁ taṁ viddhi pāṇḍava

na hy asannyasta-saṅkalpo

yogī bhavati kaścana



«Lo que se denomina renunciación es lo mismo que yoga, o vincularse con el Supremo, pues nadie puede llegar a ser yogī a menos que renuncie al deseo de complacencia de los sentidos». (Bg. 6.2)



Éste es el verdadero propósito de la práctica del yoga. La palabra yoga significa «unirse». Aunque por naturaleza somos parte integral del Supremo, en nuestro estado condicionado nos hallamos separados. A causa de esa separación, somos reacios a comprender a Dios y a hablar de nuestra relación con Él, e incluso nos inclinamos a pensar que semejante discusión es una pérdida de tiempo. En una iglesia o en un templo de conciencia de Kṛṣṇa hablamos de Dios, pero a la gente en general no le interesa demasiado. Creen que es una pérdida de tiempo, una especie de recreación en nombre del avance espiritual, y consideran que ese tiempo podría emplearse mejor para ganar dinero o divertirse en un club nocturno o un restaurante.

En consecuencia, es debido al disfrute de los sentidos que no nos sentimos atraídos hacia Dios, y por ello se dice que quienes son adictos al disfrute de los sentidos no pueden llegar a ser yogīs, es decir, no son aptos para participar en el sistema de yoga. Nadie puede avanzar en ningún sistema de yoga si se entrega a la complacencia de los sentidos y luego se sienta a intentar meditar. Eso es simplemente un colosal engaño. Semejante actividad contradictoria carece de sentido. Ante todo, yoga significa controlar los sentidos: yama-niyama. Hay ocho etapas de yoga: yama, niyama, āsana, dhyāna, dhāraṇā, prāṇāyāma, pratyāhāra y samādhi.

En este Sexto Capítulo, en el que el Señor habla del sistema de sāṅkhya-yoga, Él afirma desde el principio mismo que nadie puede llegar a ser yogī a menos que renuncie al deseo de complacencia de los sentidos. De modo que, si uno complace sus sentidos, no puede ser aceptado como yogī. El yoga exige celibato estricto. En el sistema de yoga no hay vida sexual. Si uno se entrega a la vida sexual, no puede ser yogī. Muchos supuestos yogīs vienen de la India a los Estados Unidos y dicen: «Sí, puedes hacer lo que quieras. Puedes tener toda la vida sexual que quieras. Simplemente medita. Yo te daré un mantra y tú me darás algo de dinero». Todo eso es una completa insensatez. Según las declaraciones autorizadas de Śrī Kṛṣṇa, nadie puede llegar a ser yogī a menos que renuncie al deseo de complacencia de los sentidos. Esto se establece explícitamente como la primera condición para la práctica del yoga.



ārurukṣor muner yogaṁ

karma kāraṇam ucyate

yogārūḍhasya tasyaiva

śamaḥ kāraṇam ucyate



«Para aquel que es neófito en el sistema óctuple de yoga, se dice que el trabajo es el medio; y para aquel que ya ha alcanzado el yoga, se dice que el cese de todas las actividades materiales es el medio». (Bg. 6.3) Según este verso, hay quienes intentan alcanzar la etapa de perfección y quienes ya la han alcanzado. Mientras uno no se encuentre situado en la plataforma de la perfección, debe ocuparse en muchos trabajos. En Occidente hay muchas sociedades de yoga que intentan practicar el sistema de āsana, y por ello practican sentarse en diferentes posturas. Eso puede resultar útil, pero es solo un proceso mediante el cual se puede alcanzar la verdadera plataforma. El verdadero sistema de yoga, en su etapa de perfección, es muy diferente de esas gimnasias corporales.

Sin embargo, es importante comprender que, desde el principio, una persona consciente de Kṛṣṇa se encuentra situada en la plataforma de la meditación, porque siempre está pensando en Kṛṣṇa. Al estar constantemente ocupada en el servicio de Kṛṣṇa, se considera que ha cesado todas las actividades materiales.



yadā hi nendriyārtheṣu

na karmasv anuṣajjate

sarva-saṅkalpa-san nyāsī

yogārūḍhas tadocyate



«Se dice que una persona ha alcanzado el yoga cuando, habiendo renunciado a todos los deseos materiales, ni actúa para la complacencia de los sentidos ni se ocupa en actividades fruitivas». (Bg. 6.4)

Ésta es en verdad la etapa de perfección del yoga, y de quien la ha alcanzado se dice que ha llegado al yoga. Esto quiere decir que se ha conectado, unido o vinculado con el todo supremo, sirviendo en conjunción con la maquinaria total. Si una pieza se desconecta de una máquina, no cumple función alguna, pero tan pronto como se acopla correctamente a la máquina, funciona debidamente y lleva a cabo sus diferentes funciones. Ése es el significado del yoga: unirse al todo supremo, servir en conjunción con la maquinaria total. En la actualidad estamos desconectados, y nuestras actividades fruitivas materiales son simplemente una pérdida de tiempo. A quien se ocupa en tales actividades se le describe en el *Bhagavad-gītā* como mūḍha, es decir, un necio. Aunque uno gane miles de dólares diarios y sea un empresario importante, en el *Bhagavad-gītā* se le describe como mūḍha, un necio, porque simplemente está desperdiciando su tiempo en comer, dormir, defenderse y aparearse.

La gente no se detiene a considerar que en realidad está trabajando muy arduamente para nada. Quien gana millones de dólares no puede en verdad comer mucho más que alguien que gana diez dólares. Un hombre que gana millones de dólares no puede aparearse con millones de mujeres. Eso no está dentro de su poder. Su capacidad de apareamiento es la misma que la de quien gana diez dólares, así como su capacidad de comer es la misma. Es decir, nuestro poder de disfrute es limitado. Uno debería pensar, por tanto: «Mi disfrute es el mismo que el del hombre que gana diez dólares diarios. Entonces, ¿por qué estoy trabajando tan arduamente para ganar millones de dólares? ¿Por qué estoy desperdiciando mi energía? Debería emplear mi tiempo y energía en comprender a Dios. Ése es el propósito de la vida». Si uno no tiene problemas económicos, tiene tiempo suficiente para comprender la conciencia de Kṛṣṇa. Si desperdicia ese tiempo precioso, se le llama mūḍha, un necio o un asno.

Según el verso anterior, se dice que una persona ha alcanzado el yoga cuando ha renunciado a todos los deseos materiales. Una vez que nos situamos perfectamente en el yoga, nos sentimos satisfechos. Ya no experimentamos deseos materiales. Ya no actuamos para la complacencia de los sentidos ni nos ocupamos en actividades fruitivas. Cuando hablamos de «actividades fruitivas», nos referimos a actividades que se realizan con el propósito de complacer los sentidos. Es decir, ganamos dinero con el fin de complacer nuestros sentidos. Si uno es virtuoso, se ocupa en actividades piadosas: dona dinero a obras de caridad, abre hospitales, escuelas, etc. Aunque ciertamente son actividades virtuosas, en último término están destinadas a la complacencia de los sentidos. ¿Cómo es esto? Si dono a una institución educativa, por ejemplo, recibiré buenas facilidades educativas y llegaré a tener una buena educación en mi próxima vida. Al tener esa educación, obtendré un buen puesto y adquiriré una buena suma de dinero. Entonces, ¿cómo utilizaré ese dinero? Para la complacencia de los sentidos. Así, estas actividades virtuosas y fruitivas forman una especie de ciclo.

A menudo oímos la expresión «un mejor nivel de vida», pero ¿qué significa eso? Se dice que el nivel de vida en los Estados Unidos es superior al de la India, pero en ambos países hay comer, dormir, defenderse y aparearse. Por supuesto, en los Estados Unidos la calidad de la comida puede ser mejor, pero el proceso de comer existe igualmente. Un nivel de vida superior no significa una realización espiritual superior. Simplemente significa mejor comida, mejor sueño, mejor apareamiento y mejor defensa. Esto se denomina actividad fruitiva, y se basa en la complacencia de los sentidos.

El yoga no tiene nada que ver con la complacencia de los sentidos ni con las actividades fruitivas. Yoga significa conectarse con el Supremo. Dhruva Mahārāja se sometió a austeridades severas para ver a Dios, y cuando finalmente Lo vio, dijo: svāmin kṛtārtho 'smi varaṁ na yāce: «Mi querido Señor, ahora estoy plenamente satisfecho. No pido nada más. No deseo ninguna otra bendición de Ti». ¿Por qué no pidió Dhruva Mahārāja bendiciones? ¿Qué es una «bendición»? Generalmente, una bendición significa recibir un gran reino, una bella esposa, comida apetitosa, etc., pero cuando uno se conecta verdaderamente con Dios, no desea tales «bendiciones». Se siente plenamente satisfecho. Svāmin kṛtārtho 'smi varaṁ na yāce.

En realidad, Dhruva Mahārāja buscó inicialmente a Dios con el fin de obtener el reino de su padre. La madre de Dhruva Mahārāja fue rechazada por su padre, y su madrastra se molestaba cuando él se sentaba en el regazo de su padre. De hecho, ella le prohibió sentarse en el regazo de su padre porque Dhruva Mahārāja no había nacido de su vientre. Aunque tenía solo cinco años, Dhruva Mahārāja era un kṣatriya y tomó esto como un gran insulto. Acudiendo a su propia madre, dijo: «Madre, mi madrastra me ha insultado prohibiéndome sentarme en el regazo de mi padre». Dhruva Mahārāja se puso a llorar, y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿qué puedo hacer? Tu padre ama a tu madrastra más de lo que me ama a mí. Yo no puedo hacer nada». Dhruva Mahārāja entonces dijo: «Pero yo quiero el reino de mi padre. Dime cómo puedo conseguirlo». «Hijo mío —dijo su madre—, si Kṛṣṇa, Dios, te bendice, podrás conseguirlo». «¿Dónde está Dios?», preguntó Dhruva Mahārāja. «Se dice que Dios está en el bosque —respondió su madre—. Los grandes sabios van al bosque en busca de Dios».

Al oír esto, Dhruva Mahārāja fue directamente al bosque y comenzó a realizar penitencias severas. Finalmente vio a Dios, y cuando Lo vio, ya no deseaba el reino de su padre. En cambio, dijo: «Mi querido Señor, andaba buscando unas piedrecillas, pero en vez de eso he encontrado joyas valiosas. Ya no me interesa el reino de mi padre. Ahora estoy plenamente satisfecho». Cuando uno se conecta verdaderamente con Dios, se siente totalmente satisfecho. Su satisfacción es infinitamente mayor que el supuesto disfrute en este mundo material. Ésa es la satisfacción que resulta de la realización de Dios, y ésa es la perfección del yoga.

Cuando una persona se ocupa plenamente en el amoroso servicio transcendental del Señor, se complace en sí misma y, por consiguiente, ya no se ocupa en la complacencia de los sentidos ni en actividades fruitivas. De otro modo, uno debe ocuparse en la complacencia de los sentidos, ya que no puede vivir sin ocupación. Es imposible cesar toda actividad. Como se afirmó antes, es nuestra naturaleza como entidades vivientes el actuar. Se dice: «Una mente ociosa es el taller del diablo». Si no tenemos una ocupación en conciencia de Kṛṣṇa, nos ocuparemos en la complacencia de los sentidos o en actividades fruitivas. Si un niño no recibe formación ni educación, se echa a perder. Si uno no practica el sistema de yoga, si no intenta controlar sus sentidos mediante el proceso del yoga, empleará sus sentidos en su propia complacencia. Cuando uno está complaciendo sus sentidos, no se puede hablar de practicar yoga.

Sin conciencia de Kṛṣṇa, uno se ve obligado a buscar siempre actividades egocéntricas o de un egoísmo extenso. Pero una persona consciente de Kṛṣṇa puede hacerlo todo para la satisfacción de Kṛṣṇa y, de ese modo, permanecer perfectamente desapegada de la complacencia de los sentidos. Quien no ha realizado a Kṛṣṇa debe intentar mecánicamente escapar de los deseos materiales antes de poder elevarse al peldaño más alto de la escalera del yoga.

Se puede comparar el sistema de yoga con una escalera. Un yogī puede estar situado en el quinto peldaño, otro yogī puede estar en el quincuagésimo y otro más en el quingentésimo. El propósito, por supuesto, es llegar a la cima. Aunque a toda la escalera se le pueda denominar el sistema de yoga, quien está en el quinto peldaño no es igual a quien se halla más arriba. En el *Bhagavad-gītā*, Śrī Kṛṣṇa describe varios sistemas de yoga: karma-yoga, jñāna-yoga, dhyāna-yoga y bhakti-yoga. Todos estos sistemas están conectados con Dios, Kṛṣṇa, así como toda la escalera está conectada con el piso más alto. Esto no quiere decir que todos los que practican el sistema de yoga se encuentren situados en el piso más alto; solamente quien tiene plena conciencia de Kṛṣṇa se halla así situado. Los demás se encuentran en diferentes peldaños de la escalera yóguica.



uddhared ātmanātmānaṁ

nātmānam avasādayet

ātmaiva hy ātmano bandhur

ātmaiva ripur ātmanaḥ



«El hombre debe elevarse a sí mismo mediante su propia mente, no degradarse. La mente es amiga del alma condicionada, y también su enemiga». (Bg. 6.5) La palabra ātmā denota cuerpo, mente y alma, según las diferentes circunstancias. En el sistema de yoga, la mente y el alma condicionada son especialmente importantes. Puesto que la mente es el punto central de la práctica del yoga, ātmā se refiere aquí a la mente. El propósito del sistema de yoga es controlar la mente y apartarla del apego a los objetos de los sentidos. Se recalca aquí que la mente ha de entrenarse de tal manera que pueda librar al alma condicionada de la ciénaga de la nesciencia.

En el sistema de aṣṭāṅga-yoga, estos ocho yogas —dhyāna, dhāraṇā, etc.— están destinados a controlar la mente. Śrī Kṛṣṇa declara explícitamente que el hombre debe utilizar su mente para elevarse. A menos que uno pueda controlar la mente, no se puede hablar de elevación. El cuerpo es como un carruaje y la mente es el conductor. Si le dices a tu conductor: «Por favor, llévame al templo de Kṛṣṇa», el conductor te llevará allí, pero si le dices: «Por favor, llévame a aquella licorería», irás allí. Es tarea del conductor llevarte adonde tú quieras. Si puedes controlar al conductor, él te llevará adonde debas ir, pero si no, acabará llevándote adonde él quiera. Si no tienes control sobre tu conductor, tu conductor es tu enemigo, pero si actúa conforme a tus órdenes, es tu amigo.

El sistema de yoga está destinado a controlar la mente de tal manera que actúe como amiga nuestra. A veces la mente actúa como amiga y a veces como enemiga. Como somos parte integral del Supremo, que posee independencia infinita, nosotros tenemos una independencia diminuta, o finita. Es la mente la que controla esa independencia, y por consiguiente puede llevarnos al templo de Kṛṣṇa o a algún club nocturno.

El propósito de este movimiento de conciencia de Kṛṣṇa es fijar la mente en Kṛṣṇa. Cuando la mente está así fija, no puede sino actuar como nuestra amiga. No tiene margen para actuar de otra manera. Tan pronto como Kṛṣṇa se asienta en la mente, hay luz, al igual que cuando el sol está en el cielo, la oscuridad se desvanece. Kṛṣṇa es como el sol, y cuando Él está presente, no hay cabida para la oscuridad. Si mantenemos a Kṛṣṇa en nuestra mente, la oscuridad de māyā nunca podrá penetrar. Mantener la mente fija en Kṛṣṇa es la perfección del yoga. Si la mente está firmemente fija en el Supremo, no permitirá que entre ninguna insensatez, y no habrá caída. Si la mente es fuerte, el conductor es fuerte, y podemos ir adonde deseemos. Todo el sistema de yoga tiene como finalidad hacer fuerte la mente, hacerla incapaz de desviarse del Supremo.

Sa vai manaḥ kṛṣṇa-padāravindayoḥ. Uno debe fijar su mente en Kṛṣṇa, tal como lo hizo Ambarīṣa Mahārāja cuando tuvo una contienda con un gran yogī del sistema aṣṭāṅga llamado Durvāsā Muni. Puesto que Ambarīṣa Mahārāja era un cabeza de familia, era un hombre de negocios. Esto significa que tenía que llevar cuentas de libras, chelines y peniques, o de dólares y centavos. Además de ser un cabeza de familia, Mahārāja Ambarīṣa era también un gran rey y devoto. Durvāsā Muni era un gran yogī a quien le ocurría ser muy envidioso de Mahārāja Ambarīṣa. Durvāsā Muni pensaba: «Yo soy un gran yogī y puedo viajar por el espacio. Este hombre es un rey ordinario y no posee tales poderes yóguicos. Sin embargo, la gente le rinde más honores. ¿Por qué sucede esto? Le voy a dar una buena lección». Durvāsā Muni entonces procedió a buscar una pelea con Mahārāja Ambarīṣa, pero como el rey siempre estaba pensando en Kṛṣṇa, logró vencer a este gran yogī. Consecuentemente, Nārāyaṇa indicó a Durvāsā Muni que se refugiara a los pies de Mahārāja Ambarīṣa. Durvāsā Muni era un yogī tan perfecto que en el transcurso de un año podía recorrer todo el universo material y también penetrar en el universo espiritual. De hecho, fue directamente a la morada de Dios, Vaikuṇṭha, y vio a la Personalidad de Dios en persona. No obstante, Durvāsā Muni era tan débil que tuvo que regresar a la Tierra y postrarse a los pies de Mahārāja Ambarīṣa. Mahārāja Ambarīṣa era un rey ordinario, pero su gran cualidad era que siempre estaba pensando en Kṛṣṇa. Así, su mente estaba siempre controlada, y se hallaba situado en el nivel más alto de perfección del yoga. Nosotros también podemos controlar la mente con gran facilidad manteniéndola fija en los pies de loto de Kṛṣṇa en nuestro interior. Simplemente pensando en Kṛṣṇa, nos convertimos en conquistadores victoriosos, en los más elevados yogīs.

Yoga indriya-saṁyamaḥ. El sistema de yoga está destinado a controlar los sentidos, y como la mente se halla por encima de los sentidos, si podemos controlar la mente, nuestros sentidos quedan automáticamente controlados. La lengua puede querer comer algo impropio, pero si la mente es fuerte, puede decir: «No. No puedes comer eso. Solo puedes comer kṛṣṇa-prasāda». De esta manera, la lengua, así como todos los demás sentidos, puede ser controlada por la mente. Indriyāṇi parāṇy āhur indriyebhyaḥ paraṁ manaḥ [Bg. 3.42]. El cuerpo material se compone de los sentidos, y en consecuencia las actividades del cuerpo son actividades sensoriales. Sin embargo, por encima de los sentidos está la mente, y por encima de la mente está la inteligencia, y por encima de la inteligencia está el alma espiritual. Si uno se sitúa en la plataforma espiritual, su inteligencia, su mente y sus sentidos se espiritualizan. El propósito de este proceso de conciencia de Kṛṣṇa es hacer realidad la espiritualización de los sentidos, la mente y la inteligencia. El alma espiritual es superior a todo, pero al estar dormida, ha otorgado un poder notarial a la mente voluble. No obstante, cuando el alma despierta, vuelve a ser la señora, y la mente servil no puede actuar de manera impropia. Una vez que despertamos a la conciencia de Kṛṣṇa, la inteligencia, la mente y los sentidos no pueden actuar de forma insensata. Deben actuar conforme a los dictados del alma espiritual. Eso es espiritualización y purificación. Hṛṣīkeṇa hṛṣīkeśa-sevanaṁ bhaktir ucyate [Cc. Madhya 19.170]. Debemos servir al amo de los sentidos con los sentidos. Al Señor Supremo se Le llama Hṛṣīkeśa, lo que significa que Él es el controlador original de los sentidos, así como un rey es el controlador original de todas las actividades de un Estado, y los ciudadanos son los controladores secundarios.

Bhakti significa actuar espiritualmente en concordancia con los deseos de Hṛṣīkeśa. ¿Cómo podemos actuar? Puesto que debemos actuar con nuestros sentidos, debemos espiritualizar nuestros sentidos para poder actuar correctamente. Como se afirmó antes, sentarse en meditación silenciosa significa detener actividades indeseables, pero actuar en conciencia de Kṛṣṇa es trascendental. El cese de actividades insensatas no es en sí mismo la perfección. Debemos actuar perfectamente. A menos que entrenemos nuestros sentidos para actuar en concordancia con Hṛṣīkeśa, el amo de los sentidos, nuestros sentidos volverán a ocuparse en actividades indeseables y caeremos. Por eso debemos ocupar los sentidos en la acción para Kṛṣṇa y así permanecer firmemente fijos en la conciencia de Kṛṣṇa.

En la existencia material, uno está sujeto a la influencia de la mente y los sentidos. De hecho, el alma pura está enredada en el mundo material debido al ego de la mente, que desea señorearlo sobre la naturaleza material. Así pues, la mente debe entrenarse de modo que no se sienta atraída por el brillo de la naturaleza material, y de esa manera el alma condicionada podrá salvarse. Uno no debe degradarse por la atracción hacia los objetos de los sentidos. Cuanto más se sienta atraído uno por los objetos de los sentidos, más se enredará en la existencia material. La mejor manera de desenredarse es mantener la mente siempre ocupada en la conciencia de Kṛṣṇa. La palabra hi del verso 5, Capítulo Seis (*Bhagavad-gītā*), se emplea para recalcar este punto, es decir, que uno debe hacer esto. También se dice:



mana eva manuṣyāṇāṁ

kāraṇaṁ bandha-mokṣayoḥ

bandhāya viṣayāsaṅgo

muktyai nirviṣayaṁ manaḥ



«Para el hombre, la mente es la causa de la esclavitud y la mente es la causa de la liberación. La mente absorta en los objetos de los sentidos es la causa de la esclavitud, y la mente desapegada de los objetos de los sentidos es la causa de la liberación». (*Viṣṇu Purāṇa* 6.7.28) La mente que se ocupa siempre en la conciencia de Kṛṣṇa es la causa de la liberación suprema. Cuando la mente está así ocupada en la conciencia de Kṛṣṇa, no hay posibilidad de que se ocupe en la conciencia de māyā. En la conciencia de Kṛṣṇa permanecemos bajo la luz del sol, y no hay posibilidad de que la oscuridad nos envuelva.

Puesto que tenemos libertad, podemos permanecer en un cuarto oscuro o salir a la luz del día. Ésa es nuestra elección. La oscuridad puede ser erradicada por la luz, pero la luz no puede ser cubierta por la oscuridad. Si estamos en un cuarto oscuro y alguien trae una lámpara, la oscuridad se desvanece. Pero no podemos llevar la oscuridad a la luz del sol. Eso no es posible. La oscuridad simplemente se disipará. Kṛṣṇa sūrya-sama māyā haya andhakāra. Kṛṣṇa es como la luz del sol, y māyā es como la oscuridad. Entonces, ¿cómo puede existir la oscuridad bajo la luz del sol? Si nos mantenemos siempre bajo la luz del sol, la oscuridad no podrá actuar sobre nosotros. Ésta es toda la filosofía de la conciencia de Kṛṣṇa: ocuparnos siempre en actividades de conciencia de Kṛṣṇa, y māyā se disipará, tal como la oscuridad se disipa cuando hay luz. Así se afirma en el *Śrīmad-Bhāgavatam* (1.7.4):



bhakti-yogena manasi

samyak praṇihite 'male

apaśyat puruṣaṁ pūrṇaṁ

māyāṁ ca tad-apāśrayam



«Cuando el sabio Vyāsadeva, bajo la instrucción de su maestro espiritual, Nārada, fijó su mente, ocupándola perfectamente y vinculándola en servicio devocional (bhakti-yoga) sin ningún tinte de materialismo, Vyāsadeva vio a la Personalidad de Dios Absoluta, junto con Su energía externa, la cual se hallaba bajo pleno control».

La palabra manasi se refiere a la mente. Cuando uno es iluminado en bhakti-yoga, la mente queda completamente libre de toda contaminación (samyak praṇihite 'male). Cuando Vyāsa vio a la Suprema Personalidad de Dios, vio a māyā en segundo plano (māyāṁ ca tad-apāśrayam). Siempre que hay luz, también existe la posibilidad de que la oscuridad esté presente. Es decir, la oscuridad es el otro lado de la luz, o la oscuridad se halla bajo el amparo de la luz, así como si levanto mi mano hacia la luz, la parte superior de mi mano estará iluminada y la parte inferior quedará en sombra. En otras palabras, un lado es luz y el otro oscuridad. Cuando Vyāsadeva vio a Kṛṣṇa, el Señor Supremo, también vio a māyā, la oscuridad, bajo Su amparo.

¿Y qué es esta māyā? Se explica en el verso siguiente del *Śrīmad-Bhāgavatam* (1.7.5):



yayā sammohito jīva

ātmānaṁ tri-guṇātmakam

paro 'pi manute 'narthaṁ

tat-kṛtaṁ cābhipadyate



«Debido a la energía externa, la entidad viviente, aunque trascendental a las tres modalidades de la naturaleza material, se considera un producto material y de ese modo sufre las reacciones de las miserias materiales». Así, la energía ilusoria ha cubierto temporalmente a las almas condicionadas. ¿Y quiénes son estas almas condicionadas? Aunque finitas, las almas espirituales condicionadas están tan llenas de luz como Kṛṣṇa. El problema es que el alma condicionada se identifica con este mundo material. A esto se le llama ilusión, falsa identificación con la materia. Aunque el alma espiritual individual es trascendental, se ocupa en actividades impropias bajo el dictado de māyā, y esto provoca su condicionamiento o falsa identificación. Esto se explica muy detalladamente en el Séptimo Capítulo, Primer Canto, del *Śrīmad-Bhāgavatam*.

En conclusión, nuestra verdadera posición es la de chispas espirituales llenas de luz. Ahora estamos temporalmente cubiertos por esta energía ilusoria, māyā, que nos dicta. Al actuar bajo la influencia de māyā, nos enredamos cada vez más en la energía material. El sistema de yoga tiene como propósito desenredarnos, y la perfección del yoga es la conciencia de Kṛṣṇa. Así, la conciencia de Kṛṣṇa es el medio más eficaz mediante el cual podemos desenredarnos de la influencia de la energía material.



# CAPÍTULO TRES
