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La determinación y la firmeza en el yoga

yathā dīpo nivāta-stho

neṅgate sopamā smṛtā

yogino yata-cittasya

yuñjato yogam ātmanaḥ



«Así como una lámpara en un lugar sin viento no vacila, así el trascendentalista, cuya mente está controlada, permanece siempre firme en su meditación sobre el Ser trascendente». (Bg. 6.19)



Si la mente está absorta en la conciencia de Kṛṣṇa, permanecerá tan firme como la llama de una vela que está en una habitación donde no hay viento. Por eso se dice que una persona verdaderamente consciente de Kṛṣṇa, siempre absorta en la trascendencia, en meditación constante e imperturbable en su adorable Señor, es tan firme como una lámpara o una vela en un lugar sin viento. Así como la llama no se agita, la mente no se agita, y esa firmeza es la perfección del yoga.



El estado de aquel que así se halla firmemente situado en la meditación sobre el Ser trascendente, o el Señor Supremo, lo describe Śrī Kṛṣṇa en los siguientes versos del *Bhagavad-gītā* (6.20–23):



yatroparamate cittaṁ

niruddhaṁ yoga-sevayā

yatra caivātmanātmānaṁ

paśyann ātmani tuṣyati



sukham ātyantikaṁ yat tad

buddhi-grāhyam atīndriyam

vetti yatra na caivāyaṁ

sthitaś calati tattvataḥ



yaṁ labdhvā cāparaṁ lābhaṁ

manyate nādhikaṁ tataḥ

yasmin sthito na duḥkhena

guruṇāpi vicālyate



taṁ vidyād duḥkha-saṁyoga-

viyogaṁ yoga-saṁjñitam



«La etapa de perfección se denomina trance, o samādhi, cuando la mente queda completamente refrenada de las actividades mentales materiales mediante la práctica del yoga. Esto se caracteriza por la capacidad de ver al Ser con la mente pura y de deleitarse y regocijarse en el Ser. En ese estado de gozo, uno se sitúa en una felicidad trascendental ilimitada y disfruta de sí mismo a través de los sentidos trascendentales. Establecido así, uno nunca se aparta de la verdad, y habiendo alcanzado esto, considera que no hay ganancia mayor. Situado en semejante posición, uno nunca se perturba, ni siquiera en medio de la mayor dificultad. Esta es, en verdad, la verdadera libertad de todas las miserias que surgen del contacto material».



Samādhi no significa convertirse en vacío o fundirse en el vacío. Eso es imposible. Kleśo 'dhikataras teṣām avyaktāsakta-cetasām [Bg. 12.5]. Algunos yogīs dicen que hay que poner fin a todas las actividades y quedarse inmóvil, pero ¿cómo es esto posible? Por naturaleza, la entidad viviente es un espíritu que se mueve y actúa. «Inmóvil» significa poner fin al movimiento material y fijarse en la conciencia de Kṛṣṇa. En tal estado, uno ya no es perturbado por las propensiones materiales. A medida que uno se vuelve materialmente inmóvil, sus movimientos en la conciencia de Kṛṣṇa aumentan. A medida que uno se vuelve activo en la conciencia de Kṛṣṇa, automáticamente se vuelve inmóvil respecto a las actividades materiales.



He utilizado a menudo el ejemplo de un niño inquieto. Puesto que es imposible hacer que un niño así se quede quieto, es necesario darle algunos juguetes o algunas imágenes que mirar. De esta manera, estará ocupado, o quieto en el sentido de que no estará cometiendo alguna travesura. Pero si uno realmente quiere que se quede quieto, debe darle alguna ocupación en la conciencia de Kṛṣṇa. Entonces no habrá cabida para las actividades traviesas, debido a la realización en la conciencia de Kṛṣṇa. Para ocuparse en la conciencia de Kṛṣṇa, uno primero debe comprender: «Soy de Kṛṣṇa. No soy esta materia. No soy de esta nación ni de esta sociedad. No pertenezco a este bribón ni a aquel. Simplemente soy de Kṛṣṇa». Esto es estar quieto; esto es conocimiento pleno, comprender nuestra posición real como parte integral de Kṛṣṇa. Como se afirma en el Capítulo Quince (Bg. 15.7), mamaivāṁśo jīva-loke: «Las entidades vivientes en este mundo condicionado son Mis partes fragmentarias eternas». Tan pronto como comprendemos esto, cesamos de inmediato nuestras actividades materiales, y esto es lo que significa estar quieto. En este estado, uno ve al Ser con la mente pura y se deleita y regocija en el Ser. «Mente pura» significa comprender: «Pertenezco a Kṛṣṇa». En el momento presente, la mente está contaminada porque estamos pensando: «Pertenezco a esto; pertenezco a aquello». La mente es pura cuando comprende: «Pertenezco a Kṛṣṇa».



Regocijarse en el Ser significa regocijarse con Kṛṣṇa. Kṛṣṇa es la Superalma, o el Superser. Yo soy el alma individual, o el ser individual. El Superser y el ser disfrutan juntos. El disfrute no puede ser solitario; debe haber dos. ¿Qué experiencia tenemos del disfrute solitario? El disfrute solitario no es posible. Disfrute significa dos: Kṛṣṇa, que es la Superalma, y el alma individual.



Si uno está convencido de que «soy parte integral de Kṛṣṇa», no se perturba ni siquiera en medio de las mayores dificultades, porque sabe que Kṛṣṇa le dará protección. Eso es rendición. Para alcanzar esta posición, uno debe hacer su mejor esfuerzo, usar su inteligencia y creer en Kṛṣṇa. Bālasya neha śaraṇaṁ pitarau nṛsiṁha (Bhāg. 7.9.19). Si Kṛṣṇa no nos protege, nada puede salvarnos. Si Kṛṣṇa nos desatiende, no hay remedio, y cualesquiera medidas que tomemos para intentar protegernos serán finalmente derrotadas. Puede haber muchos médicos expertos tratando a un hombre enfermo, pero eso no es garantía de que vivirá. Si Kṛṣṇa así lo quiere, una persona morirá a pesar de los mejores médicos y medicinas. Por otro lado, si Kṛṣṇa nos protege, sobreviviremos aun sin tratamiento médico. Cuando uno se ha rendido plenamente a Kṛṣṇa, se vuelve feliz, sabiendo que, independientemente de la situación, Kṛṣṇa lo protegerá. Es como un niño que se ha rendido plenamente a sus padres, confiado en que ellos están ahí para protegerle. Como afirma Yāmunācārya en su Stotra-ratna (43): kadāham aikāntika-nitya-kiṅkaraḥ praharṣayiṣyāmi sanātha jīvitam: «¡Oh, Señor! ¿Cuándo me ocuparé como Tu sirviente permanente y eterno, y siempre sentiré gozo de tener un amo tan perfecto?». Si sabemos que hay alguien muy poderoso que es nuestro patrón y salvador, ¿acaso no somos felices? Pero si intentamos actuar por nuestra cuenta y a nuestro propio riesgo, ¿cómo podemos ser felices? Felicidad significa estar en conciencia de Kṛṣṇa y estar convencido de que «Kṛṣṇa me dará protección», y ser fiel a Kṛṣṇa. No es posible ser feliz de otra manera.



Por supuesto, Kṛṣṇa está dando protección a todas las entidades vivientes, incluso en su condición rebelde (eko bahūnāṁ yo vidadhāti kāmān). Sin la protección de Kṛṣṇa, no podemos vivir ni un segundo. Cuando admitimos y reconocemos la bondad de Kṛṣṇa, nos volvemos felices. Kṛṣṇa nos protege a cada momento, pero no nos damos cuenta de ello, porque hemos tomado la vida por nuestra cuenta y riesgo. Kṛṣṇa nos da cierta cantidad de libertad, diciendo: «Muy bien, haz lo que quieras. En lo posible, te daré protección». Sin embargo, cuando la entidad viviente se rinde plenamente a Kṛṣṇa, Kṛṣṇa Se hace cargo por completo y le da una protección especial. Si un hijo crece y no se preocupa por su padre y actúa libremente, ¿qué puede hacer su padre? Solo puede decir: «Haz lo que quieras». Pero cuando un hijo se pone enteramente bajo la protección de su padre, recibe más cuidado. Como Kṛṣṇa declara en el Noveno Capítulo del *Bhagavad-gītā* (9.29):



samo 'haṁ sarva-bhūteṣu

na me dveṣyo 'sti na priyaḥ

ye bhajanti tu māṁ bhaktyā

mayi te teṣu cāpy aham



«No envidio a nadie, ni soy parcial con nadie. Soy igual para todos. Pero todo aquel que Me rinde servicio con devoción es un amigo, está en Mí, y Yo también soy amigo de él».



¿Cómo puede Kṛṣṇa envidiar a alguien? Todos son hijos de Kṛṣṇa. De igual modo, ¿cómo puede Kṛṣṇa ser enemigo de alguien? Puesto que todas las entidades vivientes son hijos de Kṛṣṇa, Él es amigo de todos. Por desgracia, no estamos aprovechando Su amistad, y esa es nuestra enfermedad. Una vez que reconozcamos a Kṛṣṇa como nuestro padre y amigo eterno, podremos comprender que Él siempre nos protege, y de esta manera podremos ser felices.



sa niścayena yoktavyo

yogo 'nirviṇṇa-cetasā

saṅkalpa-prabhavān kāmāṁs

tyaktvā sarvān aśeṣataḥ

manasaivendriya-grāmaṁ

viniyamya samantataḥ



«Uno debe ocuparse en la práctica del yoga con determinación inquebrantable y fe. Debe abandonar, sin excepción, todos los deseos materiales nacidos del ego falso, y así controlar todos los sentidos por todos lados con la mente». (Bg. 6.24)



Como se afirmó anteriormente, esta determinación solo la puede alcanzar quien no se entrega al sexo. El celibato fortalece la determinación; por eso, desde el principio mismo, Kṛṣṇa establece que el yogī no se entrega al sexo. Si uno se entrega al sexo, su determinación será vacilante. En consecuencia, la vida sexual debe controlarse de acuerdo con las reglas y regulaciones que gobiernan el gṛhastha-āśrama, o debe abandonarse por completo. De hecho, debe abandonarse por completo, pero si esto no es posible, debe controlarse. Entonces vendrá la determinación porque, después de todo, la determinación es un asunto corporal. Determinación significa continuar practicando la conciencia de Kṛṣṇa con paciencia y perseverancia. Si uno no obtiene inmediatamente los resultados deseados, no debe pensar: «¡Oh! ¿Qué es esta conciencia de Kṛṣṇa? Voy a abandonarla». No, debemos tener determinación y fe en las palabras de Kṛṣṇa.



A este respecto, hay un ejemplo mundano. Cuando una joven se casa, inmediatamente ansía tener un hijo. Piensa: «Ahora estoy casada. Debo tener un hijo inmediatamente». ¿Pero cómo es esto posible? La joven debe tener paciencia, ser una esposa fiel, servir a su esposo y dejar que su amor crezca. Con el tiempo, debido a que está casada, es seguro que tendrá un hijo. De igual modo, cuando estamos en conciencia de Kṛṣṇa, nuestra perfección está garantizada, pero debemos tener paciencia y determinación. Debemos pensar: «Debo cumplir con mis deberes y no ser impaciente». La impaciencia se debe a la pérdida de determinación, y la pérdida de determinación se debe al sexo excesivo.



El yogī debe ser determinado y debe proseguir con paciencia la conciencia de Kṛṣṇa sin desviarse. Uno debe estar seguro del éxito al final y seguir este camino con gran perseverancia, sin desalentarse si hay alguna demora en el logro del éxito. El éxito es seguro para el practicante riguroso. Con respecto al bhakti-yoga, Rūpa Gosvāmī dice:



utsāhān niścayād dhairyāt

tat-tat-karma-pravartanāt

saṅga-tyāgāt sato vṛtteḥ

ṣaḍbhir bhaktiḥ prasidhyati



«El proceso de bhakti-yoga se puede ejecutar exitosamente con entusiasmo de todo corazón, perseverancia y determinación, siguiendo los deberes prescritos en la asociación de devotos y ocupándose completamente en actividades de bondad». (Upadeśāmṛta 3)



En cuanto a la determinación, uno debería seguir el ejemplo del gorrión que perdió sus huevos en las olas del océano. Un gorrión puso sus huevos en la orilla del océano, pero el gran océano se llevó los huevos con sus olas. El gorrión se entristeció mucho y pidió al océano que le devolviera sus huevos. El océano ni siquiera consideró su petición. Así que el gorrión decidió secar el océano. Comenzó a sacar el agua con su pequeño pico, y todos se reían de su determinación imposible. La noticia de su actividad se extendió, y cuando finalmente Garuḍa, la gigantesca ave portadora del Señor Viṣṇu, se enteró, sintió compasión por su pequeña hermana ave, y fue a verla. Garuḍa quedó muy complacido con la determinación del pequeño gorrión, y prometió ayudarle. Así, Garuḍa de inmediato le ordenó al océano que devolviera los huevos, o de lo contrario él mismo asumiría el trabajo del gorrión. El océano se asustó y devolvió los huevos. Así, el gorrión se sintió feliz por la gracia de Garuḍa.



De igual modo, la práctica del yoga, especialmente el bhakti-yoga en conciencia de Kṛṣṇa, puede parecer una tarea muy difícil. Pero si uno sigue los principios con gran determinación, el Señor ciertamente le ayudará, pues Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos.



śanaiḥ śanair uparamed

buddhyā dhṛti-gṛhītayā

ātma-saṁsthaṁ manaḥ kṛtvā

na kiñcid api cintayet



«Gradualmente, paso a paso, con plena convicción, uno debe situarse en trance por medio de la inteligencia, y así la mente debe fijarse únicamente en el Ser y no debe pensar en nada más». (Bg. 6.25)



Nosotros somos el ser, y Kṛṣṇa también es el Ser. Cuando hay luz solar, podemos ver el sol y también vernos a nosotros mismos. Sin embargo, cuando hay una densa oscuridad, a veces ni siquiera podemos ver nuestro propio cuerpo. Aunque el cuerpo está ahí, la oscuridad es tan densa que no puedo verme a mí mismo. Pero cuando hay luz solar, puedo verme a mí mismo y también al sol. De igual manera, ver al ser significa ante todo ver al Ser Supremo, Kṛṣṇa. En la Kaṭha Upaniṣad se afirma: nityo nityānāṁ cetanaś cetanānām: «El Ser Supremo es el principal eterno de todos los eternos, y Él es la principal entidad viviente de todas las entidades vivientes». La conciencia de Kṛṣṇa significa fijar la mente en Kṛṣṇa, y cuando la mente se fija así, se fija en la totalidad completa. Si el estómago se cuida y se le suministra alimento nutritivo, todos los miembros del cuerpo se nutren, y gozamos de buena salud. De igual modo, si regamos la raíz de un árbol, todas las ramas, hojas, flores y ramitas se cuidan automáticamente. Al rendirle servicio a Kṛṣṇa, automáticamente rendimos el mejor servicio a todos los demás.



Como se afirmó anteriormente, una persona consciente de Kṛṣṇa no se queda sentada sin hacer nada. Sabe que la conciencia de Kṛṣṇa es una filosofía tan importante que debe ser distribuida. Por eso los miembros de esta sociedad de conciencia de Kṛṣṇa no están simplemente sentados en el templo, sino que salen en grupos de saṅkīrtana, predicando y distribuyendo esta filosofía suprema. Esa es la misión de Śrī Kṛṣṇa Caitanya Mahāprabhu y Sus discípulos. Otros yogīs pueden estar satisfechos con su propia elevación y sentarse en lugares apartados, practicando yoga. Para ellos, el yoga no es más que un asunto personal. Un devoto, sin embargo, no se satisface simplemente con elevar su propio ser.



vāñchā-kalpatarubhyaś ca

kṛpā-sindhubhya eva ca

patitānāṁ pāvanebhyo

vaiṣṇavebhyo namo namaḥ



«Ofrezco mis respetuosas reverencias a todos los devotos Vaiṣṇavas del Señor, quienes pueden cumplir los deseos de todos, al igual que los árboles de deseos, y quienes están llenos de compasión por las almas caídas». Un devoto muestra gran compasión hacia las almas condicionadas. La palabra kṛpā significa «misericordia», y sindhu significa «océano». Un devoto es un océano de misericordia, y naturalmente desea distribuir esta misericordia. El Señor Jesucristo, por ejemplo, era consciente de Dios, consciente de Kṛṣṇa, pero no se conformó con guardar este conocimiento para sí mismo. De haber continuado viviendo solo en conciencia de Dios, no habría sufrido la crucifixión. Pero no. Siendo un devoto y naturalmente compasivo, también quiso cuidar de los demás haciéndolos conscientes de Dios. Aunque se le prohibió predicar la conciencia de Dios, continuó haciéndolo a riesgo de su propia vida. Esta es la naturaleza de un devoto.



Por eso se afirma en el *Bhagavad-gītā* (18.68–69) que el devoto que predica es el más querido por el Señor.



ya idaṁ paramaṁ guhyaṁ

mad-bhakteṣv abhidhāsyati

bhaktiṁ mayi parāṁ kṛtvā

mām evaiṣyaty asaṁśayaḥ



«Para aquel que explica el secreto supremo a los devotos, el servicio devocional está garantizado, y al final vendrá a Mí».



na ca tasmān manuṣyeṣu

kaścin me priya-kṛttamaḥ

bhavitā na ca me tasmād

anyaḥ priyataro bhuvi



«No hay sirviente en este mundo más querido para Mí que él, ni habrá nunca uno más querido». De modo que los devotos salen a predicar, y al hacerlo, a veces se encuentran con elementos de oposición. A veces son derrotados, a veces decepcionados, a veces capaces de convencer, a veces incapaces. No es que todo devoto esté bien equipado para predicar. Así como hay diferentes tipos de personas, hay tres clases de devotos. En la tercera clase están aquellos que no tienen fe. Si se ocupan en el servicio devocional oficialmente, con algún propósito ulterior, no pueden alcanzar la etapa más elevada de perfección. Lo más probable es que caigan después de algún tiempo. Pueden estar ocupados, pero debido a que no tienen convicción ni fe completas, les es muy difícil continuar en la conciencia de Kṛṣṇa. Tenemos experiencia práctica en el desempeño de nuestra actividad misionera de que algunas personas vienen y se dedican a la conciencia de Kṛṣṇa con algún motivo oculto, y tan pronto como están económicamente un poco bien situadas, abandonan este proceso y retoman sus viejas costumbres. Solo mediante la fe se puede avanzar en la conciencia de Kṛṣṇa. En cuanto al desarrollo de la fe, aquel que está bien versado en las literaturas del servicio devocional y ha alcanzado la etapa de fe firme se denomina persona de primera clase en la conciencia de Kṛṣṇa. Y en la segunda clase están aquellos que no son muy avanzados en la comprensión de las escrituras devocionales pero que automáticamente tienen fe firme en que kṛṣṇa-bhakti, o el servicio a Kṛṣṇa, es el mejor camino, y por eso lo han adoptado de buena fe. Son así superiores a la tercera clase, que no tiene ni conocimiento perfecto de las escrituras ni buena fe, sino que, por asociación y sencillez, está tratando de seguir. La persona de tercera clase en la conciencia de Kṛṣṇa puede caer, pero cuando uno está en la segunda o primera clase, no cae. Quien está en la primera clase ciertamente progresará y alcanzará el resultado al final. En cuanto a la persona de tercera clase en la conciencia de Kṛṣṇa, aunque tiene fe en la convicción de que el servicio devocional a Kṛṣṇa es muy bueno, no tiene conocimiento de Kṛṣṇa a través de las escrituras como el *Śrīmad-Bhāgavatam* y el *Bhagavad-gītā*. A veces estas personas de tercera clase en la conciencia de Kṛṣṇa tienen cierta tendencia hacia el karma-yoga y el jñāna-yoga, y a veces se perturban, pero tan pronto como la infección del karma-yoga o del jñāna-yoga desaparece, se convierten en personas de segunda o primera clase en la conciencia de Kṛṣṇa. La fe en Kṛṣṇa también se divide en tres etapas y se describe en el *Śrīmad-Bhāgavatam*. El apego de primera clase, el apego de segunda clase y el apego de tercera clase también se explican en el *Śrīmad-Bhāgavatam*, en el Undécimo Canto.



Comoquiera que uno esté situado, debe tener la determinación de salir a predicar la conciencia de Kṛṣṇa. Al menos ese esfuerzo debe existir, y quien así intenta predicar rinde el mejor servicio al Señor. A pesar de la oposición, uno debe intentar elevar a las personas al nivel más alto de autorrealización. Quien ha visto realmente la verdad, quien se encuentra en el trance de la autorrealización, no puede quedarse sentado sin hacer nada. Debe salir. Rāmānujācārya, por ejemplo, declaró públicamente el mantra Hare Kṛṣṇa. No lo distribuyó en secreto a cambio de alguna tarifa. Recientemente, un yogī indio llegó a los Estados Unidos para dar algún «mantra privado». Pero si un mantra tiene algún poder, ¿por qué ha de ser privado? Si un mantra es poderoso, ¿por qué no debería declararse públicamente para que todos puedan beneficiarse de él? Nosotros estamos diciendo que este mahā-mantra Hare Kṛṣṇa puede salvar a todos, y por eso lo estamos distribuyendo públicamente, de forma gratuita. Pero en esta era, la gente es tan necia que no está dispuesta a aceptarlo. Más bien, anhelan algún mantra secreto y por eso le pagan a algún «yogī» treinta y cinco dólares o lo que sea por algún «mantra privado». Esto se debe a que la gente quiere ser engañada. Pero los devotos están predicando sin cobrar, declarando en las calles, en los parques y por todas partes: «¡Aquí! ¡Aquí está el mahā-mantra Hare Kṛṣṇa! ¡Venid, tomadlo!». Pero bajo el hechizo de māyā, la ilusión, la gente piensa: «Oh, esto no es bueno». Pero si cobras algo y engañas y estafas a la gente, te seguirán.



A este respecto, hay un verso en hindi que afirma que Kali-yuga es una era tan abominable que si uno dice la verdad, la gente vendrá y le golpeará. Pero si uno engaña, alardea y miente, la gente se quedará embelesada, le gustará y lo aceptará. Si yo digo: «Soy Dios», la gente dirá: «¡Oh, aquí está Swāmījī! ¡Aquí está Dios!». En esta era, la gente no tiene suficiente capacidad intelectual para indagar: «¿Cómo te has convertido en Dios? ¿Cuáles son los síntomas de Dios? ¿Tienes todos estos síntomas?». Debido a que la gente no hace tales indagaciones, es engañada. Por eso es necesario estar fijo en la conciencia del Ser. A menos que uno conozca y comprenda al verdadero ser y al Superser, será engañado. El verdadero yoga significa comprender este proceso de autorrealización.



yato yato niścalati

manaś cañcalam asthiram

tatas tato niyamyaitad

ātmany eva vaśaṁ nayet



«De todo aquello y de dondequiera que la mente divague, debido a su naturaleza vacilante e inestable, uno ciertamente debe retirarla y traerla de vuelta bajo el control del Ser». (Bg. 6.26) Este es el verdadero proceso yóguico. Si estás tratando de concentrar tu mente en Kṛṣṇa, y la mente se desvía —vagando hacia algún cine o a donde sea—, debes retirarla, pensando: «Ahí no, por favor. Aquí». Esto es yoga: no permitir que la mente se aleje de Kṛṣṇa.



Se requiere un entrenamiento muy intenso para mantener la mente fija en Kṛṣṇa mientras se está sentado en un lugar. Ese es un trabajo muy arduo, sin duda. Si uno no está tan entrenado e intenta imitar este proceso, seguramente se confundirá. En cambio, siempre tenemos que ocuparnos en la conciencia de Kṛṣṇa, armonizando todo lo que hacemos con Kṛṣṇa. Nuestras actividades habituales deben moldearse de tal manera que se realicen por el bien de Kṛṣṇa. De este modo, la mente permanecerá fija en Kṛṣṇa. Como se afirmó anteriormente, no debemos intentar sentarnos y mirar fijamente la punta de nuestra nariz. En el momento actual, los intentos de practicar ese tipo de yoga son artificiales. Más bien, el método recomendado es cantar en voz alta y escuchar Hare Kṛṣṇa. Entonces, incluso si la mente se desvía, se verá obligada a concentrarse en la vibración sonora «Kṛṣṇa». No es necesario retirar la mente de todo; se retirará automáticamente, porque estará concentrada en la vibración sonora. Si oímos pasar un automóvil, nuestra atención se desvía automáticamente. De modo similar, si cantamos constantemente Hare Kṛṣṇa, nuestra mente se fijará automáticamente en Kṛṣṇa, aunque estemos acostumbrados a pensar en tantas otras cosas.



La naturaleza de la mente es vacilante e inestable. Pero un yogī autorrealizado debe controlar la mente; la mente no debería controlarlo a él. En el momento presente, la mente nos controla (go-dāsa). La mente nos dice: «Por favor, ¿por qué no miras a esa chica hermosa?», y así miramos. Dice: «¿Por qué no bebes ese licor tan bueno?», y decimos: «Sí». Dice: «¿Por qué no fumas este cigarrillo?» «Sí», decimos. «¿Por qué no vas a este restaurante a comer algo tan delicioso? ¿Por qué no haces esto? ¿Por qué no haces aquello?». De esta manera, la mente dicta, y nosotros seguimos. La vida material significa ser controlado por los sentidos, o la mente, que es el centro de todos los sentidos. Ser controlado por la mente significa ser controlado por los sentidos, porque los sentidos son los asistentes de la mente. La mente maestra dicta: «Ve a ver eso», y los ojos, siguiendo las instrucciones de la mente, miran el objeto de los sentidos. La mente nos dice que vayamos a cierto lugar, y las piernas, bajo las instrucciones de la mente, nos llevan allí. Así, estar bajo la dirección de la mente significa caer bajo el control de los sentidos. Si podemos controlar la mente, no estaremos bajo el control de los sentidos. Quien está bajo el control de los sentidos se conoce como go-dāsa. La palabra go significa «sentidos», y dāsa significa «sirviente». Quien es amo de los sentidos se llama gosvāmī, porque svāmī significa «amo». Por eso, quien tiene el título de gosvāmī es aquel que ha dominado los sentidos. Mientras uno sea sirviente de los sentidos, no puede llamarse gosvāmī o svāmī. A menos que uno domine los sentidos, su aceptación del título de svāmī o gosvāmī es simplemente una forma de engaño. Fue Rūpa Gosvāmī quien así definió el significado de la palabra gosvāmī. Originalmente, Sanātana Gosvāmī y Rūpa Gosvāmī no eran gosvāmīs, sino ministros del gobierno. Solo cuando se convirtieron en discípulos del Señor Caitanya Mahāprabhu se convirtieron en gosvāmīs. Así que gosvāmī no es un título hereditario, sino una cualificación. Uno se cualifica así bajo la dirección de un maestro espiritual genuino. Solo cuando uno ha alcanzado la perfección en el control de los sentidos puede llamarse gosvāmī y convertirse a su vez en maestro espiritual. A menos que uno pueda dominar los sentidos, será simplemente un maestro espiritual falso.



Esto lo explica Rūpa Gosvāmī en su Upadeśāmṛta (1):



vāco vegaṁ manasaḥ krodha-vegaṁ

jihvā-vegam udaropastha-vegam

etān vegān yo viṣaheta dhīraḥ

sarvām apīmāṁ pṛthivīṁ sa śiṣyāt



«Una persona sobria que puede tolerar el impulso de hablar, las exigencias de la mente, las acciones de la ira y los impulsos de la lengua, el vientre y los genitales, está cualificada para hacer discípulos en todo el mundo». En este verso, Rūpa Gosvāmī menciona seis «impulsos» (vegam). Este impulso es una especie de ímpetu. Por ejemplo, cuando la naturaleza llama, tenemos que ir al baño, y no podemos contener ese impulso. Así que a este impulso se le llama vegam, una especie de empujón. Según Rūpa Gosvāmī, hay seis vegams. Vāco vegam es el impulso de hablar innecesariamente. Ese es un tipo de empujón de la lengua. Luego está krodha-vegam, el impulso de enfadarse. Cuando somos empujados a la ira, no podemos contenernos, y a veces los hombres se enfurecen tanto que cometen un asesinato. De manera similar, la mente empuja, dicta: «Debes ir allí de inmediato», y vamos inmediatamente adonde se nos dice. La palabra jihvā-vegam se refiere al impulso de la lengua de saborear alimentos agradables. Udara-vegam se refiere a los impulsos del vientre. Aunque el vientre esté lleno, todavía quiere más comida, y eso es una especie de impulso del vientre. Y cuando cedemos a los impulsos de la lengua y del vientre, los impulsos de los genitales se vuelven muy fuertes, y se requiere el sexo. Si uno no controla su mente o su lengua, ¿cómo puede controlar sus genitales? De esta manera, hay tantos impulsos, tantos que el cuerpo es una especie de máquina de impulsos. Rūpa Gosvāmī nos dice, pues, que uno puede convertirse en maestro espiritual solo cuando puede controlar todos estos impulsos.



Etān vegān yo viṣaheta dhīraḥ sarvām apīmāṁ pṛthivīṁ sa śiṣyāt: «Aquel que puede controlar los impulsos y permanecer firme puede hacer discípulos en todo el mundo». La palabra dhīra significa «firme, sobrio». Solo quien es un dhīra está cualificado para hacer discípulos. Todo esto depende del entrenamiento de uno. En efecto, yoga significa entrenar la mente y los sentidos para que se fijen en el Ser. Esto no es posible meditando solo quince minutos al día y luego saliendo a hacer lo que los sentidos dicten. ¿Cómo pueden los problemas de la vida resolverse tan baratos? Si queremos algo precioso, debemos pagar por ello. Por la gracia del Señor Caitanya, este pago se ha hecho muy fácil: simplemente cantar Hare Kṛṣṇa. Mediante nuestro canto, este sistema de control, este sistema de yoga, se perfecciona. Ihā haite sarva siddhi haibe tomāra. Así nos ha bendecido el Señor Caitanya. Simplemente cantando Hare Kṛṣṇa, alcanzaremos la perfección de la autorrealización. En esta era de Kali-yuga, cuando la gente está tan caída, otros procesos no tendrán éxito. Este es el único proceso, y es fácil, sublime, efectivo y práctico. Mediante él, uno puede realizarse.



Según Kṛṣṇa, en el Noveno Capítulo del *Bhagavad-gītā* (9.2), este proceso es el más sublime.



rāja-vidyā rāja-guhyaṁ

pavitram idam uttamam

pratyakṣāvagamaṁ dharmyaṁ

su-sukhaṁ kartum avyayam



«Este conocimiento es el rey de la educación, el más secreto de todos los secretos. Es el conocimiento más puro, y como da percepción directa del ser mediante la realización, es la perfección de la religión. Es imperecedero, y se ejecuta con gozo».



Después de comer, uno puede comprender que su hambre ha sido satisfecha; de igual modo, siguiendo los principios de la conciencia de Kṛṣṇa, uno puede comprender que ha avanzado en la autorrealización.

# CAPÍTULO SEIS
